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lunes, 9 de diciembre de 2013

HACER COLA

Hacemos muchas colas , en el supermercado, frente a la taquilla del cine o esperando el autobús. Quizás debería corregirlo ligeramente. Por estos territorios la cola no se dibuja bien en según qué situaciones. Según las noticias que me llegan, Japón por ejemplo sí es un país de colas, lineales y respetuosas según el turno de llegada. A veces nos hacen recorrer colas desmesuradas, como en el aeropuerto, mientras te quitas el abrigo, el cinturón y las botas. Y, al mismo tiempo, haces malabares para coordinar todo eso y que no se te caiga el ordenador (que también sujetas en las manos), susceptible también de ser reconocido en la puerta de embarque. Hay que admitir que las colas son aburridas, crean incluso desacuerdos. A todos alguna vez nos han dicho: ¡Perdone yo llegué antes! Pueden llegar a ser interminables o incómodas. Dibujan la espera sobre la acera, la ilusión por llegar a algún lugar. Tratan de ordenar y marcar los tiempos. Como la artista Izabela Boloz se ha imaginado, también pueden ser divertidas y llamar a la interacción con otros "esperantes". Para ello nos remite a nuestro espacio doméstico, pero en la calle. Con una estructura sencilla, unos bancos y unas simuladas ventanas a la ciudad, las piezas de su Waiting Room convierten el acto de la espera en una excusa para el juego. Un gesto que alegra nuestra cotidianeidad y nos acerca al uso compartido de la ciudad.
E.G.





Fotografías de las intervenciones de la artista Izabela Boloz

Para saber más:


domingo, 26 de mayo de 2013

INFRAGANTI

Un día cualquiera estás caminando por la calle y de repente aparece. Lo ves detrás o en frente, tomando datos, redefiniendo la realidad. Las fotos que toma las encontrarás después buscando una nueva dirección, en otra ciudad, o en la tuya, en tu propia calle incluso. Esas fotografías congeladas en el tiempo recogen un instante de realidad urbana. Es posible que en el futuro se conviertan en documentos valiosos. Retrato de una época. Por si no lo habéis adivinado se trata de una nueva maquinaria que recorre nuestras ciudades, los recolectores de instantes del Google Sreet View. Ahora imaginaros por un segundo que en realidad la calle registrada por la cámara de Google es un escenario, un teatro. Imaginad que alguien se ha encargado de situar personas actuando, escaparates que no existen, elementos desplazados, falsas puertas. Ciertamente, si nos quisieran engañar podrían. Incluso podrían inventar lugares dónde nunca has estado pero que conoces por las imágenes del street view. Poderosa herramienta esta. Si todo  pudiese estar dispuesto como si de un escenario teatral se tratase, al más puro estilo del Show de Truman, no podríamos distinguir quién actúa y quién no. Andar o hacer como que paseas. Despistados transeúntes, encuentros inesperados, discusiones de pareja, tropiezos, saludos descarados, ¿Cómo saber si son reales? Todos ellos pillados infraganti, en la calle,¡Y para el mundo! El peculiar efecto de esas fotografías enrarece todavía más la escena, ¿Será real? Ese desenfoque es un tanto irritante. A eso ha jugado el fotógrafo Daniel Mayrit, recreando escenas en el espacio público, fingiendo la casualidad. Las fotografías de su serie Suburban Scenes podrían estar sacadas de las calles, pero fueron imaginadas antes de que tropezaras con la confusión.
E.G.






Fotografías de Daniel Mayrit
`Para conocer su trabajo:  danielmayrit

domingo, 27 de mayo de 2012

ARTE CALLEJERO CALLEJERO

Hace poco vi cómo pintaban las líneas de la carretera no muy lejos del lugar en el que vivo. Aunque disfruto de dichos sucesos, el evento no tuvo repercusiones más allá de un par de coches más de lo normal y la aparición de algunos vecinos curiosos. Sin embargo, recordé un par de fotos que había visto y guardado por ahí. En esta ocasión he decidido que en lugar de hablar de arte callejero en muros, no está mal mirar el arte callejero callejero.



y así, como algunos se aventuran a pintar en gigantescas fachadas, otros deciden que es posible lidiar con los coches...y qué divertido parece. La receta es fácil: bicicletas, cubos de pintura adaptados para ir en la bicicleta, galones de pintura multicolor y un cruce vehicular muy concurrido. Lamentablemente no vivo en un lugar con cruces de este tipo, pero espero poder llevarlo a cabo en un futuro. En todo caso, los invito a copiar la receta. 

Sin embargo, este tipo de intervenciones parecen ser tan apropiadas para grandes cruces de congestionadas ciudades como para pequeñas y tranquilas poblaciones, con resultados igualmente positivos. 




Parece que no muy lejos del pueblo en que vivo, una idea muy similar  fue llevada a cabo por la agencia de diseño Lang/Baumann en el 2010. En Vercorin, un pequeño pueblo al sur de Suiza, cada año se organiza un evento para dar a conocer el pueblo, en el que R&Art organization  invita a distintas personas creativas para intervenir.

Y mi última foto no es arte callejero sino una estrategia para prevenir accidentes en las calles de Bogotá. 


La ingeniosa campaña fue llevada a cabo en el 2003 por el entonces alcalde Antanas Mockus para reducir el número de peatones muertos. Así, se pintaron estrellas negras en los lugares exactos en que había fallecido un peatón víctima de un accidente. El impacto de dicha campaña fue mucho mayor del esperado y se ha llevado a cabo en muchas tras ciudades y carreteras del país.