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domingo, 26 de mayo de 2013

INFRAGANTI

Un día cualquiera estás caminando por la calle y de repente aparece. Lo ves detrás o en frente, tomando datos, redefiniendo la realidad. Las fotos que toma las encontrarás después buscando una nueva dirección, en otra ciudad, o en la tuya, en tu propia calle incluso. Esas fotografías congeladas en el tiempo recogen un instante de realidad urbana. Es posible que en el futuro se conviertan en documentos valiosos. Retrato de una época. Por si no lo habéis adivinado se trata de una nueva maquinaria que recorre nuestras ciudades, los recolectores de instantes del Google Sreet View. Ahora imaginaros por un segundo que en realidad la calle registrada por la cámara de Google es un escenario, un teatro. Imaginad que alguien se ha encargado de situar personas actuando, escaparates que no existen, elementos desplazados, falsas puertas. Ciertamente, si nos quisieran engañar podrían. Incluso podrían inventar lugares dónde nunca has estado pero que conoces por las imágenes del street view. Poderosa herramienta esta. Si todo  pudiese estar dispuesto como si de un escenario teatral se tratase, al más puro estilo del Show de Truman, no podríamos distinguir quién actúa y quién no. Andar o hacer como que paseas. Despistados transeúntes, encuentros inesperados, discusiones de pareja, tropiezos, saludos descarados, ¿Cómo saber si son reales? Todos ellos pillados infraganti, en la calle,¡Y para el mundo! El peculiar efecto de esas fotografías enrarece todavía más la escena, ¿Será real? Ese desenfoque es un tanto irritante. A eso ha jugado el fotógrafo Daniel Mayrit, recreando escenas en el espacio público, fingiendo la casualidad. Las fotografías de su serie Suburban Scenes podrían estar sacadas de las calles, pero fueron imaginadas antes de que tropezaras con la confusión.
E.G.






Fotografías de Daniel Mayrit
`Para conocer su trabajo:  danielmayrit

viernes, 9 de noviembre de 2012

DESAPARECER DEL MAPA


Un niño parece querer derribar un muro con su pequeño martillo, no entiende muy bien qué diferencia ese muro de los otros, pero era  largo e infranqueable, de eso sí se dió cuenta. La caída de aquel muro que dividía la ciudad de Berlín en dos, se conmemora hoy. Algunos mantenemos esas imágenes en movimiento en la retina, la gente amontonándose sobre aquellas ruinas de muro y aquellos trocitos (probablemente falsos) del derribo comercializándose por todo el planeta: el final de una época. Algunos años antes Paul Virilio ya nos había hablado de la Estética de la desaparición, son esas ausencias y desapariciones en la ciudad las que muchas veces marcan un antes y un después en su propio devenir. Mucha gente mayor (y no tanto) todavía se guía en la ciudad por el recuerdo de las cosas que ya no están o que con el tiempo han cambiado: Aquí vivía fulanito, aquí trabajaba menganito y aquí mi padre tenía su sastrería (mi abuelo tiene muy buena memoria).Cuando vuelves a recorrer tu barrio de la infancia, tu colegio, los lugares que frecuentaste, a menudo ocurre algo curioso (a parte de que muchas cosas se han esfumado), parece que el escenario ha menguado, que todo ha empequeñecido. Entonces el mundo era más pequeño, y tú también.
Muchos años después, aquel niño ya es un hombre y el muro una traza del pasado. Unas marcas en el pavimento lo recuerdan, hay cosas que es mejor no olvidar. En el caminar la ciudad se recuerdan las desapariciones y se va construyendo de nuevo el lugar. División, unión y reestructuración, mucho ha dependido de aquel trazado. ¿Cuántas cosas desaparecen del mapa en nuestras ciudades, en nuestras vidas? Sin duda algunas son heridas, otras alivios, y muchas conservan alguna huella en la trama de la ciudad. Mientras murallas y muros van desapareciendo en algunas ciudades, en otras se siguen construyendo…. La artista Irina Werning acaba de ganar el premio de fotografía que convoca cada año Sony, con una ingeniosa serie que incluye, entre otras, las fotos de Christoph. Del sugerente trabajo Back to the future ha saltado Christoph, que desde el presente vuelve a ser, por unos instantes mientras lo miramos, aquel niño frente al muro de Berlín. 
E.G.


                                                                
Christoph 1990 & 2011 Berlin Wall, Irina Werning.

     
  Para conocer el trabajo de la artista:



viernes, 18 de mayo de 2012

MENÚ PARA DOS, CON FACHADA DE POR MEDIO

Tropezar con una mesa en la calle, eso no ocurre todos los días, a no ser que se trate de las que ahora pueblan las terrazas al sol. En mi calle sí ocurre, de vez en cuando se animan (todavía no sé quién) y disfrutan de una comida al aire libre, las sillas, los manteles, los brindis y los olores transforman el escenario a pie de calle. No se trata de una acción artística o reivindicativa, en mi calle el coche no puede circular, cerraron el paso tiempo atrás, y algunos tomaron las riendas del asunto. Refugiados de indiscreciones automovilísticas, algunos se animan incluso con taburetes y mesillas (el tamaño es variante) a tomar el café, mientras curiosa les observo desde arriba.Quizás con algo de envidia al pensar, ¡Un día me animo y me pongo a merendar allí abajo también!Aunque ahora que los balcones se poblaron de plantas y flores nuevas, las alturas tampoco están mal, sobre todo cuando te sorprendes descubriendo que otros muy cerca de tí recogen rayos de sol también, desde otros balcones, terrazas o ventanas abiertas a la primavera de nuevo, un año más. Pero, volvamos a pie de calle...¿Qué ocurriría si la mesa no está exactamente en el exterior?¿Y si sólo parte de ella se apoya en el espacio público? Este entre el interior y el exterior es lo que ocurre en el proyecto City Eyes de DUS Architects. Con esta fachada de por medio los menús para dos pueden acabar la rutina para siempre. Mesa aquí o allí, fuera o dentro, o las dos a la vez...Atravesando esta ventana, ¿Dónde está el límite del espacio público y privado? Esto parece el más difícil todavía. Es una pena que en mi ciudad la ventanas sean demasiado altas...
E.G.




Imágenes DUS Architects

para saber más:


lunes, 5 de marzo de 2012

EL INCREÍBLE CASO DEL MURO MUTANTE


Quizás paseando por la ciudad ya os habéis tropezado con algún muro olvidado, límite o principio de algo difuso. ¿Dónde acaba y empieza el espacio público? ¿Es en la piel del muro?¿Es en el límite de la propiedad? El centro de nuestra ciudad está cada vez más poblado de muros. Los hay altos e inquebrantables, los hay más bajos, olvidados por su altura (y son muretes), o más livianos (y son verjas), algunos contienen mensajes secretos y otros esconden rastros de una vida mejor. En algunos crecen pieles como huellas en el tiempo. Los más sofisticados han tenido la suerte de ser el objetivo de algún artista urbano. Llevamos semanas viendo muros por todas partes…Esta es la historia de una obsesión.

Todo empezó con un flechado a primera vista. Aquel muro destartalado que bordeaba la plaza tenía algo de inquietante. ¿Era su aspecto un ingrediente más para el aspecto desangelado de la plaza? Sin duda, sí. Nos preguntábamos si alguien más había reparado en ello… Encontrándonos frente al muro reconocemos un lugar dónde ocurren cosas todos los días y, ¡No son pocas! A pesar de ser un fragmento urbano casi olvidado, por su situación (junto al Mercado Central de Valencia y la Lonja de pescadores) y su genética (la plaza es heredera de una antigua traza inconclusa de la ciudad) el lugar sobrevive con su uso. Si paseas es posible que tropieces con pelotas de niños jugando, turistas despistados en pleno recorrido por el centro histórico, el ir y venir de las bicicletas de alquiler, las mesas del restaurante y sus comensales disfrutando del sol, algún habitante de la calle Cajeros a punto de subir a casa, las flores de los comercios bordeando los accesos o mercadillos efímeros en fiestas. Aunque también sirve la plaza por desgracia como aparcamiento provisional y las grietas del muro como escondite de trapicheos ocasionales. En este escenario, el muro, plantado e imberbe, permanece quieto, recordándonos la fina línea que separa a veces lo privado de lo público. En una declaración de humildad toca el suelo para proporcionar el único banco-piedra que sirve de apoyadero para las pausas de los cocineros o paseantes en la plaza. El increíble caso del muro mutante surge justo cuando estábamos a punto de intentar cuidarlo más, disfrazarlo, invitarle a conversar, hacer una fiesta en su honor. Nos complace pensar que en él ya estaban pensando otros que hace unos días tomaron las riendas del asunto. Y, nos guste o no el resultado, ahora el muro es el protagonista más colorido de la plaza y el reflejo de lo que algunos deseamos sobre el devenir del lugar. 

Os invitamos a que reconozcáis el lugar y compartáis  vuestras impresiones sobre él o colaboréis si os apetece contándonos la historia de algún muro vuestro. Relatos, fotos y cualquier proposición, pregunta, reflexión o inquietud será bien recibida…




Imágenes muro Plaza Taula de Canvis, antes de la última intervención, Valencia.

Nosotros no nos olvidamos de nuestro muro, allí sigue rodándonos la cabeza, ¡Y colgado de nuestra puerta!



miércoles, 28 de diciembre de 2011

DESEOS EN FACHADAS

De todas las preguntas y elucubraciones que nos planteamos, y a veces nos torturan, sobre nuestro futuro,  quizás la más recurrente sea la que nos lleva a enumerar todas las cosas que deseamos hacer antes de morir (y claro evaluar lo que ya hemos hecho). ¿Qué ocurriría si nos lo preguntan desde una fachada? ¿Se pueden compartir deseos anónimos caminando por la ciudad? Eso mismo se preguntó la artista y urbanista Candy Chang cuando empezó con el proyecto Before I die…Una antigua casa abandonada se disfraza de pizarra parlante para la ocasión, como algunos muros o medianeras olvidadas en New Orleans, Brooklyn, Queretano o Kazakhstan. Espacios que habían pasado desapercibidos recrean una situación dónde se trata de compartir deseos e inquietudes con los demás. Los deseos a tiza se van acumulando en las pizarras mientras los paseantes curiosos leen las inquietudes desveladas y se preparan para la aportación. ”Antes de morir…me gustaría ser completamente yo”, escribe un anciano con aire despistado. El resultado es el listado de deseos, a veces comunes, de los que se han animado a dejar una pequeña huella sobre la ciudad. “Antes de morir…me gustaría dar de comer a un elefante”, se apresura a escribir una niña en el último renglón libre. Before I die... no sólo es un proyecto de arte público interactivo, se trata de un juego que transforma lugares que teníamos delante pero con los que quizás no nos habíamos tropezado antes. Las fachadas nos hablan del futuro…y como en todo juego, ¡Hay que participar!
E.G.


fotos: candychang.com

Si os interesa conocer a Candy Chang podéis visitar su página: