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lunes, 9 de diciembre de 2013

HACER COLA

Hacemos muchas colas , en el supermercado, frente a la taquilla del cine o esperando el autobús. Quizás debería corregirlo ligeramente. Por estos territorios la cola no se dibuja bien en según qué situaciones. Según las noticias que me llegan, Japón por ejemplo sí es un país de colas, lineales y respetuosas según el turno de llegada. A veces nos hacen recorrer colas desmesuradas, como en el aeropuerto, mientras te quitas el abrigo, el cinturón y las botas. Y, al mismo tiempo, haces malabares para coordinar todo eso y que no se te caiga el ordenador (que también sujetas en las manos), susceptible también de ser reconocido en la puerta de embarque. Hay que admitir que las colas son aburridas, crean incluso desacuerdos. A todos alguna vez nos han dicho: ¡Perdone yo llegué antes! Pueden llegar a ser interminables o incómodas. Dibujan la espera sobre la acera, la ilusión por llegar a algún lugar. Tratan de ordenar y marcar los tiempos. Como la artista Izabela Boloz se ha imaginado, también pueden ser divertidas y llamar a la interacción con otros "esperantes". Para ello nos remite a nuestro espacio doméstico, pero en la calle. Con una estructura sencilla, unos bancos y unas simuladas ventanas a la ciudad, las piezas de su Waiting Room convierten el acto de la espera en una excusa para el juego. Un gesto que alegra nuestra cotidianeidad y nos acerca al uso compartido de la ciudad.
E.G.





Fotografías de las intervenciones de la artista Izabela Boloz

Para saber más:


domingo, 26 de mayo de 2013

INFRAGANTI

Un día cualquiera estás caminando por la calle y de repente aparece. Lo ves detrás o en frente, tomando datos, redefiniendo la realidad. Las fotos que toma las encontrarás después buscando una nueva dirección, en otra ciudad, o en la tuya, en tu propia calle incluso. Esas fotografías congeladas en el tiempo recogen un instante de realidad urbana. Es posible que en el futuro se conviertan en documentos valiosos. Retrato de una época. Por si no lo habéis adivinado se trata de una nueva maquinaria que recorre nuestras ciudades, los recolectores de instantes del Google Sreet View. Ahora imaginaros por un segundo que en realidad la calle registrada por la cámara de Google es un escenario, un teatro. Imaginad que alguien se ha encargado de situar personas actuando, escaparates que no existen, elementos desplazados, falsas puertas. Ciertamente, si nos quisieran engañar podrían. Incluso podrían inventar lugares dónde nunca has estado pero que conoces por las imágenes del street view. Poderosa herramienta esta. Si todo  pudiese estar dispuesto como si de un escenario teatral se tratase, al más puro estilo del Show de Truman, no podríamos distinguir quién actúa y quién no. Andar o hacer como que paseas. Despistados transeúntes, encuentros inesperados, discusiones de pareja, tropiezos, saludos descarados, ¿Cómo saber si son reales? Todos ellos pillados infraganti, en la calle,¡Y para el mundo! El peculiar efecto de esas fotografías enrarece todavía más la escena, ¿Será real? Ese desenfoque es un tanto irritante. A eso ha jugado el fotógrafo Daniel Mayrit, recreando escenas en el espacio público, fingiendo la casualidad. Las fotografías de su serie Suburban Scenes podrían estar sacadas de las calles, pero fueron imaginadas antes de que tropezaras con la confusión.
E.G.






Fotografías de Daniel Mayrit
`Para conocer su trabajo:  danielmayrit

domingo, 10 de marzo de 2013

SALIR EN EL MAPA (O EN LA FOTO)

Pensémoslo bien. ¿Qué es lo que nunca sale en un mapa?¿Qué es lo que siempre está pero nunca se ve? Se me ocurren varias cosas, pero probablemente la ausencia más relevante sea la de los hombres y mujeres caminando por las calles, sentados en un banco o esperando en el semáforo. Todo lo que sucede, gracias al acontecimiento continuo, en el espacio público. Es sin duda inalcanzable cartografiar todo aquello que sucede. Una tarea imposible, a la que se acercó Georges Perec con su obra Tentativa de agotamiento de un lugar parisino, que recientemente ha traducido Maurici Pla, describiendo (como en todas sus obras listando exhaustivamente) todo lo que ocurre (o casi todo) en el lugar observado con paciencia. Sin duda un buen ejercicio, el de observar lo que ocurre en un lugar, una buena práctica desde una mesa tomando café ( fácil en París con sus mesas de bistrot en perfecta posición), a través de una ventana (indiscreta) o sentados en un banco. La artista Jenny Odell también capta instantáneas de la realidad, a través de google earth, un instrumento muy potente para propuestas artísticas que indagan en la representación del espacio habitado. En su serie All the people in Google Earth (2011-2012) todo desaparece, menos las personas que estaban allí. Un inversión poco común dónde las ausencias de las cartografías comunes se convierten en protagonistas. Y los vacíos te dan las pistas para averiguar de que lugar se trata. Algo así como un buscar a Wally de la realidad.
E.G.

All the people in Dolores Park,
Jenny Odell

Para conocer su trabajo: Jenny Odell




martes, 25 de septiembre de 2012

TRIATLÓN URBANO

París, ciudad de la luz, capital de la Revolución, cuna de intelectuales y artistas, fuente de inspiración para arquitectos y urbanistas... Y, aunque poca gente lo sabe, París es dueña de una red de piscinas municipales maravillosa. Por un módico precio, es posible sacar un carnet que permite acceder a todas las piscinas municipales de la ciudad... ¡a las 38! De este modo, cualquier persona puede experimentar la curiosa sensación de nadar con vistas a la torre Eiffel en la piscina Emile Anthoine, o de disfrutar al descubierto en la orilla del mismísimo río Sena (piscina Joséphine Baker)... o realizar un tour por todas las piscinas y descubrir sus particularidades. Quién lo diría, pero nadar es otra manera de ver y vivir París.



Otras ciudades, en cambio, invitan a descubrirlas corriendo. Londres, por ejemplo, se caracteriza por sus inmensos parques y espacios verdes que han dado pie a la aparición de "jogging tours" o "running tours" como alternativa al clásico autobús rojo. Salvo por la lluvia casi constante, correr parece una muy buena manera de hacer turismo de manera sana, ecológica y barata. Estocolmo, Roma o Marsella también se anuncian como ciudades "joggeables" tanto para turistas como para sus habitantes, aunque habría que probarlo por uno mismo antes de juzgar si los humos de las grandes ciudades son la mejor compañía en este tipo de excursiones...

Lo que ya no resulta tan sorprendente es la presencia de bicicletas por las calles de muchas grandes ciudades. Ámsterdam es la primera imagen que nos viene a la cabeza (limitaciones del imaginario colectivo) con sus cientos de bicicletas aparcadas en montones, ciclistas camuflados entre coches por sus calles empedradas... Pero, recientemente, muchas otras ciudades se han subido al carro con el alquiler de bicicletas públicas: se llama Bicing en Barcelona, Velib en París, Bycyklen en Copenhague, Cyclocyty en Bruselas, Ecobici en la ciudad de México... Recorrer los espacios urbanos en bicicleta ha dejado de ser una novedad, si bien es cierto que todavía nos queda mucho (¡muchísimo!) para integrar completamente este medio de transporte en el funcionamiento de nuestras ciudades y nuestras economías.

Personalmente, debo decir que estoy bastante orgullosa de mi triatlón urbano particular. Tengo la enorme suerte de vivir en una ciudad plana, por lo que puedo moverme en bici diariamente. También cuenta con un espacio verde de varios kilómetros en pleno centro, perfecto para correr hasta no poder más. Y, además, puedo nadar tres veces a la semana por un precio bastante aceptable y sin desviarme de mis trayectos habituales.

Nadar la ciudad, correrla o recorrerla en bici: tres formas sanas, ecológicas y low-cost de conocerla y habitarla. Eso sí: no aptas para perezosos.

viernes, 13 de julio de 2012

THE LINEAR MOURNING


¿Qué queda cuando el agua desaparece? Existen rastros de su curso, ¿Algún trauma del destierro?Para algunos, allá dónde una vez corrieron aguas siempre quedarán las huellas de su fuido. Hemos sido capaces con el transcurso del tiempo de separar el agua de su curso natural, de modificar su paso, transformar su apariencia. Y así moldeando el territorio creamos lugares que antes no existían, contenedores mutantes en tiempo y lugar. Existen ciudades inimaginables sin su río. ¿Qué sería París sin su Sena? Es el caso de Valencia, su imaginario no puede desligarse de su cauce, que aún sin agua, es el contenedor y contenido de cuantas apropiaciones puedas esperar. Y es que el lugar se hace con el uso. Algunos bajan al río a caminar en línea (ahora en verano allí la ciudad es más fresca), otros para reunirse en un banco o correr detrás del balón. Los deportistas se acumulan cuando cae el sol, otros se tumban a la sombra, bajo un árbol o un puente. Se escuchan músicas, se encuentran tesoros, revives recuerdos. Allí casi es inagotable la sorpresa, y la calma también. ¿Cómo se retrata un lugar tan particular? Sin duda el agua sigue presente con el flujo de gente que decide bajar al río y recorrerlo. Se trata quizás de una suerte de luto lineal en recuerdo del agua que una vez estuvo allí.
E.G.
                                       
                                                                         ¿Dónde estamos?
                                                                                  Aquí:

                                                                       the Linear Mourning





fotogramas de The Linear Mourning (Erwin Souveton + Ester Giménez Beltrán)


lunes, 21 de mayo de 2012

OTRA FORMA DE OCUPAR EL ESPACIO

Las mismas calles de siempre, los mismos árboles, los mismos cruces... Creemos que conocemos nuestra ciudad dado que, durante el tiempo que la habitamos, recorremos y repetimos mil veces los mismos trayectos: camino al trabajo, al supermercado, a casa de un amigo...
Pero, ¿qué pasa cuando, por unas horas, esos mismos espacios se reconvierten? ¿qué pasa cuándo los vivimos desde una perspectiva totalmente diferente? Ésta fue mi experiencia hace unos días: las calles de la ciudad, de mi ciudad, fueron alteradas completamente.


20.000 personas ocuparon el centro con sus zapatillas de correr, sus dorsales, algunas con carritos de bebé, con patines, con sus perros, o incluso, con sillas de ruedas. Un acontecimiento ciudadano sin distinciones, abierto a todo el mundo, una ocupación 100% popular, aunque efímera. ¿Quién me iba a decir a mi que formaría parte de esa masa corredora?

Posiblemente, fue una experiencia especialemente intensa para mí porque era la primera vez que asistía. En todo caso, la sensación de sorpresa continua ante esta perspectiva totalmente nueva de espacios tan familiares, se combinaba con un sentimiento visceral e irracional de que la ciudad me pertencía. Pero no en sentido de propiedad privada, sino como pertenencia comunitaria: la ciudad fue realmente nuestra... por unas horas.

O al menos ésa es la ilusión que crean las endorfinas características, imagino, de toda actividad deportiva.

viernes, 18 de mayo de 2012

MENÚ PARA DOS, CON FACHADA DE POR MEDIO

Tropezar con una mesa en la calle, eso no ocurre todos los días, a no ser que se trate de las que ahora pueblan las terrazas al sol. En mi calle sí ocurre, de vez en cuando se animan (todavía no sé quién) y disfrutan de una comida al aire libre, las sillas, los manteles, los brindis y los olores transforman el escenario a pie de calle. No se trata de una acción artística o reivindicativa, en mi calle el coche no puede circular, cerraron el paso tiempo atrás, y algunos tomaron las riendas del asunto. Refugiados de indiscreciones automovilísticas, algunos se animan incluso con taburetes y mesillas (el tamaño es variante) a tomar el café, mientras curiosa les observo desde arriba.Quizás con algo de envidia al pensar, ¡Un día me animo y me pongo a merendar allí abajo también!Aunque ahora que los balcones se poblaron de plantas y flores nuevas, las alturas tampoco están mal, sobre todo cuando te sorprendes descubriendo que otros muy cerca de tí recogen rayos de sol también, desde otros balcones, terrazas o ventanas abiertas a la primavera de nuevo, un año más. Pero, volvamos a pie de calle...¿Qué ocurriría si la mesa no está exactamente en el exterior?¿Y si sólo parte de ella se apoya en el espacio público? Este entre el interior y el exterior es lo que ocurre en el proyecto City Eyes de DUS Architects. Con esta fachada de por medio los menús para dos pueden acabar la rutina para siempre. Mesa aquí o allí, fuera o dentro, o las dos a la vez...Atravesando esta ventana, ¿Dónde está el límite del espacio público y privado? Esto parece el más difícil todavía. Es una pena que en mi ciudad la ventanas sean demasiado altas...
E.G.




Imágenes DUS Architects

para saber más:


sábado, 7 de abril de 2012

SEGUIR LOS PASOS


Descubrir una ciudad a través del caminar es una experiencia que muchos hemos emprendido en diferentes ocasiones. A veces para mostrarla, a veces para perdernos, en línea o descubriendo escondrijos. Experimentar las rutas sin mapa, acompañado o solo, siempre es una buena forma de conocer una ciudad. Contar la ciudad siempre nos permite volver a descubrirla, nunca es la misma ciudad, todo depende de quien la mire y quien la escuche. A veces seguimos el rastro, pasos que antes caminamos queriendo reencontrar lo que tuvimos alguna vez, mirando una ventana, descubriendo un balcón o saludando a través de una vitrina. Otras veces evitamos caminos conocidos para no tropezar con la rutina y reinventamos rutas. ¿Cómo veremos nuestra ciudad dentro de unos años?¿Cómo pasearemos la ciudad entonces? Seguro que necesitaremos más bancos, seguro que nos sentaremos para descansar en los que nos ofrezca el camino. Incluso es probable que nos acomodemos en ellos para poder conversar. A cualquier edad, disfrutar de un buen banco, aunque sólo sea para ver el tiempo pasar, puede ser un buen momento del día. Corredores descansando, turistas tomando el sol, amantes besándose, otros leyendo el periódico, niños comiendo pipas, hombres y mujeres esperando algo o nada, todos lo hemos hecho alguna vez. A veces los bancos no están dónde quisiéramos, o simplemente no están. Otras veces son demasiado estrechos, y al no caber nadie más te resignas a no poder mantener una buena conversación, allí sentado en tu banco. Muchas veces son los grandes olvidados, y es que un banco determina un estar en la calle, una comunicación, el disfrute o no de un lugar. A veces los pensamientos sentados en la calle son un golpe de aire fresco, por eso muchos sacan las sillas sin pudor. Seguir los pasos de alguien te hace también descubrir las carencias en el espacio de la ciudad, algunas antes habían pasado desapercibidas. Eso ha sido lo que se han planteado Luke Pedersen, Jenny Pedersen, Kirsty Rielly, Jess Pedersen y Katherine Spindler, finalistas del concurso Your Street organizado por Design Indaba para Ciudad del Cabo. Siguiendo los pasos de una mujer de 89 años, el proyecto Violet’s walk propone un recorrido por su ruta diaria dónde se incluyen bancos plegables para la espera y el descanso en el camino. A veces un gesto es suficiente para reactivar un lugar, para reconocer a través del otro lo que se nos había olvidado.
E.G.




Imágenes del proyecto Violet's Walk


Si os interesa el proyecto:



lunes, 5 de marzo de 2012

EL INCREÍBLE CASO DEL MURO MUTANTE


Quizás paseando por la ciudad ya os habéis tropezado con algún muro olvidado, límite o principio de algo difuso. ¿Dónde acaba y empieza el espacio público? ¿Es en la piel del muro?¿Es en el límite de la propiedad? El centro de nuestra ciudad está cada vez más poblado de muros. Los hay altos e inquebrantables, los hay más bajos, olvidados por su altura (y son muretes), o más livianos (y son verjas), algunos contienen mensajes secretos y otros esconden rastros de una vida mejor. En algunos crecen pieles como huellas en el tiempo. Los más sofisticados han tenido la suerte de ser el objetivo de algún artista urbano. Llevamos semanas viendo muros por todas partes…Esta es la historia de una obsesión.

Todo empezó con un flechado a primera vista. Aquel muro destartalado que bordeaba la plaza tenía algo de inquietante. ¿Era su aspecto un ingrediente más para el aspecto desangelado de la plaza? Sin duda, sí. Nos preguntábamos si alguien más había reparado en ello… Encontrándonos frente al muro reconocemos un lugar dónde ocurren cosas todos los días y, ¡No son pocas! A pesar de ser un fragmento urbano casi olvidado, por su situación (junto al Mercado Central de Valencia y la Lonja de pescadores) y su genética (la plaza es heredera de una antigua traza inconclusa de la ciudad) el lugar sobrevive con su uso. Si paseas es posible que tropieces con pelotas de niños jugando, turistas despistados en pleno recorrido por el centro histórico, el ir y venir de las bicicletas de alquiler, las mesas del restaurante y sus comensales disfrutando del sol, algún habitante de la calle Cajeros a punto de subir a casa, las flores de los comercios bordeando los accesos o mercadillos efímeros en fiestas. Aunque también sirve la plaza por desgracia como aparcamiento provisional y las grietas del muro como escondite de trapicheos ocasionales. En este escenario, el muro, plantado e imberbe, permanece quieto, recordándonos la fina línea que separa a veces lo privado de lo público. En una declaración de humildad toca el suelo para proporcionar el único banco-piedra que sirve de apoyadero para las pausas de los cocineros o paseantes en la plaza. El increíble caso del muro mutante surge justo cuando estábamos a punto de intentar cuidarlo más, disfrazarlo, invitarle a conversar, hacer una fiesta en su honor. Nos complace pensar que en él ya estaban pensando otros que hace unos días tomaron las riendas del asunto. Y, nos guste o no el resultado, ahora el muro es el protagonista más colorido de la plaza y el reflejo de lo que algunos deseamos sobre el devenir del lugar. 

Os invitamos a que reconozcáis el lugar y compartáis  vuestras impresiones sobre él o colaboréis si os apetece contándonos la historia de algún muro vuestro. Relatos, fotos y cualquier proposición, pregunta, reflexión o inquietud será bien recibida…




Imágenes muro Plaza Taula de Canvis, antes de la última intervención, Valencia.

Nosotros no nos olvidamos de nuestro muro, allí sigue rodándonos la cabeza, ¡Y colgado de nuestra puerta!



miércoles, 15 de febrero de 2012

¿SUBVERSIÓN O CREATIVIDAD?

"C'est en faisant n'importe quoi, qu'on devient n'importe qui" (haciendo cualquier cosa, te puedes convertir en cualquiera) es el lema de Remi Gaillard. Este ex-vendedor de zapatillas francés saltó a la fama como impostor en eventos deportivos de todo tipo - ¡incluyendo la final de la Coupe de France!. Sin embargo, la temática de sus vídeos es de lo más variopinta: ascensores customizados, circuitos reales de Mario Kart, imitaciones del Papa, luchadores de sumo en medio de rotondas... Uno de mis preferidos es el titulado Gymnastics en el que Gaillard utiliza el mobiliario urbano para simular pruebas de atletismo. Para mucha gente, se trata de un humor subversivo e irrespetuoso - y en ocasiones no cabe duda de que lo es - pero no se puede negar el enorme esfuerzo creativo que requiere ver la ciudad con "ojos de atleta", reinterpretarla, y utilizar sus elementos de "forma alternativa".
Por otro lado, también sorprende lo mucho que se parecen ciertas instalaciones deportivas al mobiliario urbano... ¿o es al revés? ¿Tan poca imaginación tenemos las personas para que objetos con finalidades tan distintas se parezcan tanto? ¿O se trata de un guiño entre los diseñadores de unos y los arquitectos de los otros?


Subversivos o alternativos, los vídeos de Remi Gaillard reciben millones de visitas desde todos los rincones del mundo. Parece evidente que sus inofensivos desafíos a las normas y a la forma habitual de vivir la ciudad despiertan la simpatía y curiosidad de muchísimas personas. ¿Será porque salirse del camino preestablecido es un impulso tan natural en los seres humanos como el de construir dicho camino? Desde este punto de vista, los vídeos de Gaillard podrían llegar a considerarse experimentos sociológicos... O quizás se trata, simplemente de vídeos divertidos. Depende de cada uno.
R.O.

Remi Gaillard

lunes, 6 de febrero de 2012

MICROPOÉTICAS DEL ESPACIO

Si fuéramos diminutos la ciudad cobraría dimensiones inalcanzables. Tardaríamos una vida en recorrer nuestros rutinarios caminos, no alcanzaríamos a abrir la puerta de casa. La cerradura estaría fuera de nuestro dominio, tendríamos que escalar, ingeniárnoslas para elaborar estrategias a pequeña escala. Cualquier paso humano sería un peligro de muerte inminente por aplastamiento. Si fuéramos diminutos nos colaríamos en rendijas y agujeros, nos construiríamos un refugio a medida, un lugar dónde nuestro tamaño  y el de lo que nos rodea no entrase en conflicto. Seguimos tropezándonos en la ciudad con dispositivos que nos hacen viajar a otras escalas, otras dimensiones del espacio público. Esta vez no son balones gigantes, son parches pensados como micropoéticas  del espacio que podrían pasar desapercibidos un día de prisas, dónde el escenario que nos rodea se convierte en  invisible. Pero si abrimos bien los ojos, las esquinas, los bordes, los pequeños agujeros en lugares imposibles pueden poblarse de diminutos remiendos de colores. Es un gesto delicado, un pequeño punto de exclamación que, por sus dimensiones, al observarlo parece que revisitemos el lugar con  lupa, como si de repente nos pudiésemos encontrar con microscópicos constructores de ciudad. Las piezas que nos regalan desde este Dispatchwork se repiten en múltiples lugares, recorriendo países. Parece que ha tenido un efecto multiplicador. Quizás la fuerza reside también en la implicación y el juego que propone para el que esté dispuesto a participar y construir con pequeñas piezas su propio remiendo. Según Platform 21, uno de los diferentes colectivos que proponen estas acciones, se trata de reparar la ciudad, como ya lo explicaban en su Repair Manifesto. Es entonces algo así como cuidar esos pequeños detalles, devolverles la materialidad que el desgaste y el tiempo les robó.
E.G.








Imágenes Distpatchwork.info

Para los que queráis conocer estas acciones:






martes, 24 de enero de 2012

ENCAJES HINCHABLES

A veces, caminando cerca de un colegio o parque, escuchamos a lo lejos unas voces que reclaman nuestra ayuda. El balón de football, la pelota de tenis, la de ping-pong, suelen ser elementos que con frecuencia intentan escapar de sus límites preestablecidos. Con seguridad, uno recoge el balón y observa como sobrevuela la verja, muro o matorral que suele separarlo de sus dueños. Los gritos de alegría al recuperarlo culminan la hazaña, aunque, si es detrás de un muro, muchas veces no alcanzas a observar las caras sonrientes, después de la espera. Imagino que a todos nos ha ocurrido alguna vez, y no sé porqué tiene algo de satisfactorio lo de tropezar con una pelota ajena y lanzarla de nuevo a su propietario. ¿Qué ocurre cuando el balón con el que te tropiezas es ocho veces más grande que tú y obstruye tu calle? En el caso del Red Ball Project se trata de un gigante balón inflable rojo que puede aparecer tanto embutido en la callejuela junto a la panadería como flotando en el balcón del ayuntamiento. El protagonista es un intruso aterrizado en la ciudad que no puede pasar desapercibido y tiene algo de las esculturas de objetos fuera de escala de C. Oldenburg. El gigante rojo tiene todos los elementos para seducirnos por sorpresa al girar una esquina. Con su presencia desproporcionada en el espacio público de la ciudad nos pregunta: ¿Qué hago yo aquí? La sonrisa es inevitable. El artista Kurt Perschke ha paseado su enorme globo rojo por medio mundo marcando rincones insospechados, trepando puentes e invadiendo monumentos acompañado de su descomunal compañero. Nos recuerda a aquella película de Albert Lamorisse dónde un globo rojo (de tamaño normal) se convertía en el mejor amigo de un niño que paseaba la gris París a mediados de los cincuenta, y coloreaba las paradas de autobús, las farolas y las ventanas con su presencia. De momento el Red Ball Project ha invadido ciudades como Abu Dhabi, Toronto, Chicago o Taipei. ¿Quién sabe? Quizás la próxima parada la haga en tu ciudad.
E.G.





fotografías: redballproject.com

Si queréis conocer el proyecto:



martes, 17 de enero de 2012

BLANDURAS BAJO LOS PIES

Todos hemos experimentado alguna vez el placer de caminar sobre superficies insospechadas. Algunos incluso modificamos recorridos para poder caminar sobre las alfombrillas situadas en los accesos de algunos establecimientos o nos colamos en los parques infantiles para volver a sentir la blandura bajo los pies. Quizás nuestros pies sean esos grandes olvidados en el espacio urbano, y eso que el paseante lo sabe bien, ellos son los eternos protagonistas de nuestras andaduras. Unos zapatos recién estrenados o alguna piedra del camino pueden marcar la diferencia entre un placentero paseo o una alargada tortura. En nuestras casas sin embargo parece que sí que dedicamos algún que otro ritual a nuestras plantas de los pies. Y es que nuestros hogareños suelos nos dan la clave. Entramos a través del felpudo (cepillo y sonido), nos acomodamos para leer sobre la alfombra (suave y caliente), salimos de la ducha y caemos sobre la esterilla (lo primero que hay que secar son los pies). Todo este placer se multiplica si pensamos en caminar sobre la arena (húmeda o caliente), sobre la hierba (mojada o seca) o recordamos deslizarnos, intentando patinar, un día de lluvia sobre algún que otro pavimento de nuestra ciudad (con el riesgo de rompernos varios huesos a la vez). Todo apunta a la blandura como placer para nuestros pies. ¿Nunca habéis soñado con una ciudad enmoquetada? ¿Con caminos de alfombrillas?¿Con pavimentos movedizos? Para los que compartáis este placer, el estudio de arquitectura francés Raum ha ideado la Ville Molle (la ciudad blanda), un pavimento  blando de adoquines capaces de responder al movimiento generado sobre su superficie. Esta blandura urbana nos recuerda que todavía es posible acercar el espacio público a nuestros sentidos. Como ya vimos con las fachadas musicales de stadt:klang a veces la ciudad se puede convertir en el escenario de lo imprevisto y la sorpresa para nuestros oídos, nuestras manos, ¡Y nuestros pies!
E.G.


                             

foto: raum.fr

Para saber más de la Ville molle de Raum:



jueves, 5 de enero de 2012

ECOS URBANOS

Si pensamos que la distancia más corta entre dos puntos es una línea recta no siempre estaremos en lo cierto. Demasiado tarde. Aunque, acostumbrados a un aplastante sistema espacial euclidiano, no podríamos imaginar otra forma de recorrer ese trayecto con facilidad. Sin embargo, parece que sumergidos en el espacio digital las distancias se desmaterializan, y lo tangible se convierte en un recuerdo. El espacio virtual configura otros lugares dónde, no sólo los espacios se multiplican, si no que las identidades se reinventan. ¿Entonces, cuál es la distancia entre dos puntos? Fuera de los parámetros concretos a los que estábamos habituados, los espacios se extienden lejos de nuestro sistema de percepción cotidiano. El equipo creativo de LUST lab utiliza los medios digitales para plantearnos cómo se pueden reubicar esos puntos en el espacio urbano cuando navegamos virtualmente. El resultado: ciudades dentro de ciudades. Usando soportes de paneles publicitarios,  mobiliario urbano demasiado habitual, webcams y espejos, en su proyecto Urban Echo nos tropezamos con lugares lejanos, dentro de nuestro espacio público.  Las posibilidades se multiplican y crecen lugares en el escenario tangible que nos rodea. Las webcams nos permiten ver en la lejanía y los espejos reflejan nuestro presente. Ahora podemos estar en otro lugar sin tocarlo. Los ecos de esas ciudades podrían ser recuerdos visibles, espacios en pantalla dónde, nosotros  reflejados, ya no estamos dónde estábamos.
E.G.





Imágenes: lustlab.net

Si os pueden interesar los proyectos de LUSTlab aquí tenéis las coordenadas:

miércoles, 28 de diciembre de 2011

DESEOS EN FACHADAS

De todas las preguntas y elucubraciones que nos planteamos, y a veces nos torturan, sobre nuestro futuro,  quizás la más recurrente sea la que nos lleva a enumerar todas las cosas que deseamos hacer antes de morir (y claro evaluar lo que ya hemos hecho). ¿Qué ocurriría si nos lo preguntan desde una fachada? ¿Se pueden compartir deseos anónimos caminando por la ciudad? Eso mismo se preguntó la artista y urbanista Candy Chang cuando empezó con el proyecto Before I die…Una antigua casa abandonada se disfraza de pizarra parlante para la ocasión, como algunos muros o medianeras olvidadas en New Orleans, Brooklyn, Queretano o Kazakhstan. Espacios que habían pasado desapercibidos recrean una situación dónde se trata de compartir deseos e inquietudes con los demás. Los deseos a tiza se van acumulando en las pizarras mientras los paseantes curiosos leen las inquietudes desveladas y se preparan para la aportación. ”Antes de morir…me gustaría ser completamente yo”, escribe un anciano con aire despistado. El resultado es el listado de deseos, a veces comunes, de los que se han animado a dejar una pequeña huella sobre la ciudad. “Antes de morir…me gustaría dar de comer a un elefante”, se apresura a escribir una niña en el último renglón libre. Before I die... no sólo es un proyecto de arte público interactivo, se trata de un juego que transforma lugares que teníamos delante pero con los que quizás no nos habíamos tropezado antes. Las fachadas nos hablan del futuro…y como en todo juego, ¡Hay que participar!
E.G.


fotos: candychang.com

Si os interesa conocer a Candy Chang podéis visitar su página:



sábado, 29 de octubre de 2011

COLÚMPIATE CONMIGO




Fotos : olivierblouin.com

Todos recordamos haber jugado alguna vez en un parque a columpiarnos, solos o acompañados. Algunos incluso improvisamos alguna vez un columpio casero con neumáticos y algunas cuerdas colgado en el patio trasero para pasar horas bajo la rama más resistente. Parece que volver a balancearnos en un columpio nos remite directamente a nuestra infancia cuando esperábamos con ansia el acontecimiento del día: salir a la calle para ir a jugar. Hoy los parques aparecen poblados de artefactos fabricados en serie, el mobiliario urbano para los niños sigue siendo deficiente y poco adaptado a la creatividad infantil. A veces surgen esas piezas residuales en lugares insospechados dónde los niños difícilmente pueden improvisar.
Esos juegos infantiles en la ciudad son los últimos protagonistas del  proyecto artístico de Mouna Andraos y Melissa Mongiat centrado una vez más en los juegos y la participación en el espacio público. 21 Balançoires son unos columpios agrupados de tres en tres que se convierten en elementos de "cooperación musical" tal y como explican las artistas. Con el ir y venir los columpios producen ritmos musicales que se ajustan a la velocidad del movimiento. El juego consiste en armonizar y sincronizar tus movimientos con los columpios cercanos. 
Esta pequeña intervención en la Place des Arts de Montreal nos recuerda que el espacio público también es un lugar de encuentro, dónde podemos jugar, aunque sólo sea para compartir algunas notas con los demás.
E.G.

Aquí dejamos el vídeo de la instalación...



Y la página de las artistas, por si queréis conocer sus trabajos...
Living with our time