domingo, 21 de octubre de 2012

CIUDAD SIN INSTRUCCIONES DE USO

Todos tenemos lugares que nos dan miedo. Calles, rincones, ciudades incluso, que evitamos, por dónde preferimos no pasar. Algunos de esos lugares son laberintos en la memoria, lugares del recuerdo, muchas veces de una niñez que ya queda muy atrás. Algunos recordamos casas habitadas, imaginábamos entonces, por brujas o seres desconocidos. Los recorridos evitaban esos lugares, preferíamos no sufrir ese miedo que precede al susto. Casas abandonadas, coches destartalados, calles oscuras, la ciudad inventaba mil excusas para hacer brotar nuestra imaginación. Recorriendo las piezas de la obra de Chuso Ordí Mapa de la vida ladrando nos transportamos a ese universo nocturno de miedo y adrenalina. Con sus fotografías estenopeicas retrata una ciudad fantasmagórica, lugares que parecen sacados de nuestra imaginación. A lo largo de un año el artista recorrió zonas periféricas de la ciudad de Barcelona captando aquello que conseguía atravesar la apertura de su improvisada cámara-lata. En su voluntad algo tiene de Robert Smithson cuando se aventura a captar otra perferia, bien alejada, en su Monuments of Passaic, a finales de los sesenta. Las fotografías de Ordi son más desconcertantes, distorsionan la mirada llevándonos de viaje a otro lugar.Rincones, árboles, perros, cruces y semáforos parecen sacados de un sueño, o de una pesadilla. Un paseo en blanco y negro en una ciudad sin instrucciones de uso.
E.G.



Imágenes obra de Chuso Ordi


Para conocer al artista:

Mapa de la vida ladrando se expone en Espai Tactel hasta el 03/11/2012:

martes, 25 de septiembre de 2012

TRIATLÓN URBANO

París, ciudad de la luz, capital de la Revolución, cuna de intelectuales y artistas, fuente de inspiración para arquitectos y urbanistas... Y, aunque poca gente lo sabe, París es dueña de una red de piscinas municipales maravillosa. Por un módico precio, es posible sacar un carnet que permite acceder a todas las piscinas municipales de la ciudad... ¡a las 38! De este modo, cualquier persona puede experimentar la curiosa sensación de nadar con vistas a la torre Eiffel en la piscina Emile Anthoine, o de disfrutar al descubierto en la orilla del mismísimo río Sena (piscina Joséphine Baker)... o realizar un tour por todas las piscinas y descubrir sus particularidades. Quién lo diría, pero nadar es otra manera de ver y vivir París.



Otras ciudades, en cambio, invitan a descubrirlas corriendo. Londres, por ejemplo, se caracteriza por sus inmensos parques y espacios verdes que han dado pie a la aparición de "jogging tours" o "running tours" como alternativa al clásico autobús rojo. Salvo por la lluvia casi constante, correr parece una muy buena manera de hacer turismo de manera sana, ecológica y barata. Estocolmo, Roma o Marsella también se anuncian como ciudades "joggeables" tanto para turistas como para sus habitantes, aunque habría que probarlo por uno mismo antes de juzgar si los humos de las grandes ciudades son la mejor compañía en este tipo de excursiones...

Lo que ya no resulta tan sorprendente es la presencia de bicicletas por las calles de muchas grandes ciudades. Ámsterdam es la primera imagen que nos viene a la cabeza (limitaciones del imaginario colectivo) con sus cientos de bicicletas aparcadas en montones, ciclistas camuflados entre coches por sus calles empedradas... Pero, recientemente, muchas otras ciudades se han subido al carro con el alquiler de bicicletas públicas: se llama Bicing en Barcelona, Velib en París, Bycyklen en Copenhague, Cyclocyty en Bruselas, Ecobici en la ciudad de México... Recorrer los espacios urbanos en bicicleta ha dejado de ser una novedad, si bien es cierto que todavía nos queda mucho (¡muchísimo!) para integrar completamente este medio de transporte en el funcionamiento de nuestras ciudades y nuestras economías.

Personalmente, debo decir que estoy bastante orgullosa de mi triatlón urbano particular. Tengo la enorme suerte de vivir en una ciudad plana, por lo que puedo moverme en bici diariamente. También cuenta con un espacio verde de varios kilómetros en pleno centro, perfecto para correr hasta no poder más. Y, además, puedo nadar tres veces a la semana por un precio bastante aceptable y sin desviarme de mis trayectos habituales.

Nadar la ciudad, correrla o recorrerla en bici: tres formas sanas, ecológicas y low-cost de conocerla y habitarla. Eso sí: no aptas para perezosos.

lunes, 10 de septiembre de 2012

AUTUMN BEFORE AUTUMN

La ciudades británicas tienen ese discreto encanto: siempre parecen sumergidas en un melancólico otoño. Aunque el verano se resista, el color de los adoquines, las piedras de las fachadas, algo en los cuadros escoceses, te hace sentir un otoño prematuro, el tiempo perfecto para perderse en la ciudad. Y si además te pierdes en dúo descubres de nuevo los crescents y los circus, las escaleras de peldaños imposibles (y enmoquetadas), los timbres minúsculos para apartamentos gigantescos. Casi todo es discreto, incluso los jardines privados, algo fantasmales, pero discretos. Poblados de bancos vacíos (el mobiliario urbano por excelencia inglés es el banco de madera para dos) son algo así como esculturas urbanas, intocables, hay que admitir que las ganas de asaltarlos, de saltar sobre la valla e invadir la propiedad privada, es un instinto natural al pasar cerca de un impecable jardín urbano. Cuando te pierdes en una ciudad británica, tropiezas con calles de garajes, descubres huecos por dónde espiar. Luego te vuelves a reír con Mr.Bean y sus viajes en la ciudad, sus lugares son tan esperpénticos como reales: bancos para comer el sandwich en diez minutos, intersticios imposibles cerca del mar,aparcamientos interminables, pero también aulas de examen congeladas en los años treinta y casas de cortinas floreadas.Cuando te pierdes en una ciudad británica deseas quedarte un poco más en pausa en ese fresco  mientras suena I want the world to stop.En este vídeo Baxter Dury persigue a Claire, la observa desde arriba, sube azoteas, también se pierden juntos en ese otoño inglés impregnado de gabardinas, tea shops y líneas pintadas en el asfalto. En él recordamos también a Antonioni y la ciudad plagada de fotografías de Blow up. Unos años sesenta a los que algunos querrían volver, sobre todo perdiéndose en una ciudad británica. Antonioni también lo sabía: los jardines ingleses tienen algo de inquietantes. Dejemos que el otoño inunde la ciudad mientras recordamos con nostalgia el verano.
E.G.



 Videoclip Claire de Baxter Dury


Superville en Edimburgo, verano 2012.
Fotografías: Luismi Romero Carrasco




viernes, 13 de julio de 2012

THE LINEAR MOURNING


¿Qué queda cuando el agua desaparece? Existen rastros de su curso, ¿Algún trauma del destierro?Para algunos, allá dónde una vez corrieron aguas siempre quedarán las huellas de su fuido. Hemos sido capaces con el transcurso del tiempo de separar el agua de su curso natural, de modificar su paso, transformar su apariencia. Y así moldeando el territorio creamos lugares que antes no existían, contenedores mutantes en tiempo y lugar. Existen ciudades inimaginables sin su río. ¿Qué sería París sin su Sena? Es el caso de Valencia, su imaginario no puede desligarse de su cauce, que aún sin agua, es el contenedor y contenido de cuantas apropiaciones puedas esperar. Y es que el lugar se hace con el uso. Algunos bajan al río a caminar en línea (ahora en verano allí la ciudad es más fresca), otros para reunirse en un banco o correr detrás del balón. Los deportistas se acumulan cuando cae el sol, otros se tumban a la sombra, bajo un árbol o un puente. Se escuchan músicas, se encuentran tesoros, revives recuerdos. Allí casi es inagotable la sorpresa, y la calma también. ¿Cómo se retrata un lugar tan particular? Sin duda el agua sigue presente con el flujo de gente que decide bajar al río y recorrerlo. Se trata quizás de una suerte de luto lineal en recuerdo del agua que una vez estuvo allí.
E.G.
                                       
                                                                         ¿Dónde estamos?
                                                                                  Aquí:

                                                                       the Linear Mourning





fotogramas de The Linear Mourning (Erwin Souveton + Ester Giménez Beltrán)


domingo, 27 de mayo de 2012

ARTE CALLEJERO CALLEJERO

Hace poco vi cómo pintaban las líneas de la carretera no muy lejos del lugar en el que vivo. Aunque disfruto de dichos sucesos, el evento no tuvo repercusiones más allá de un par de coches más de lo normal y la aparición de algunos vecinos curiosos. Sin embargo, recordé un par de fotos que había visto y guardado por ahí. En esta ocasión he decidido que en lugar de hablar de arte callejero en muros, no está mal mirar el arte callejero callejero.



y así, como algunos se aventuran a pintar en gigantescas fachadas, otros deciden que es posible lidiar con los coches...y qué divertido parece. La receta es fácil: bicicletas, cubos de pintura adaptados para ir en la bicicleta, galones de pintura multicolor y un cruce vehicular muy concurrido. Lamentablemente no vivo en un lugar con cruces de este tipo, pero espero poder llevarlo a cabo en un futuro. En todo caso, los invito a copiar la receta. 

Sin embargo, este tipo de intervenciones parecen ser tan apropiadas para grandes cruces de congestionadas ciudades como para pequeñas y tranquilas poblaciones, con resultados igualmente positivos. 




Parece que no muy lejos del pueblo en que vivo, una idea muy similar  fue llevada a cabo por la agencia de diseño Lang/Baumann en el 2010. En Vercorin, un pequeño pueblo al sur de Suiza, cada año se organiza un evento para dar a conocer el pueblo, en el que R&Art organization  invita a distintas personas creativas para intervenir.

Y mi última foto no es arte callejero sino una estrategia para prevenir accidentes en las calles de Bogotá. 


La ingeniosa campaña fue llevada a cabo en el 2003 por el entonces alcalde Antanas Mockus para reducir el número de peatones muertos. Así, se pintaron estrellas negras en los lugares exactos en que había fallecido un peatón víctima de un accidente. El impacto de dicha campaña fue mucho mayor del esperado y se ha llevado a cabo en muchas tras ciudades y carreteras del país. 

lunes, 21 de mayo de 2012

OTRA FORMA DE OCUPAR EL ESPACIO

Las mismas calles de siempre, los mismos árboles, los mismos cruces... Creemos que conocemos nuestra ciudad dado que, durante el tiempo que la habitamos, recorremos y repetimos mil veces los mismos trayectos: camino al trabajo, al supermercado, a casa de un amigo...
Pero, ¿qué pasa cuando, por unas horas, esos mismos espacios se reconvierten? ¿qué pasa cuándo los vivimos desde una perspectiva totalmente diferente? Ésta fue mi experiencia hace unos días: las calles de la ciudad, de mi ciudad, fueron alteradas completamente.


20.000 personas ocuparon el centro con sus zapatillas de correr, sus dorsales, algunas con carritos de bebé, con patines, con sus perros, o incluso, con sillas de ruedas. Un acontecimiento ciudadano sin distinciones, abierto a todo el mundo, una ocupación 100% popular, aunque efímera. ¿Quién me iba a decir a mi que formaría parte de esa masa corredora?

Posiblemente, fue una experiencia especialemente intensa para mí porque era la primera vez que asistía. En todo caso, la sensación de sorpresa continua ante esta perspectiva totalmente nueva de espacios tan familiares, se combinaba con un sentimiento visceral e irracional de que la ciudad me pertencía. Pero no en sentido de propiedad privada, sino como pertenencia comunitaria: la ciudad fue realmente nuestra... por unas horas.

O al menos ésa es la ilusión que crean las endorfinas características, imagino, de toda actividad deportiva.

viernes, 18 de mayo de 2012

MENÚ PARA DOS, CON FACHADA DE POR MEDIO

Tropezar con una mesa en la calle, eso no ocurre todos los días, a no ser que se trate de las que ahora pueblan las terrazas al sol. En mi calle sí ocurre, de vez en cuando se animan (todavía no sé quién) y disfrutan de una comida al aire libre, las sillas, los manteles, los brindis y los olores transforman el escenario a pie de calle. No se trata de una acción artística o reivindicativa, en mi calle el coche no puede circular, cerraron el paso tiempo atrás, y algunos tomaron las riendas del asunto. Refugiados de indiscreciones automovilísticas, algunos se animan incluso con taburetes y mesillas (el tamaño es variante) a tomar el café, mientras curiosa les observo desde arriba.Quizás con algo de envidia al pensar, ¡Un día me animo y me pongo a merendar allí abajo también!Aunque ahora que los balcones se poblaron de plantas y flores nuevas, las alturas tampoco están mal, sobre todo cuando te sorprendes descubriendo que otros muy cerca de tí recogen rayos de sol también, desde otros balcones, terrazas o ventanas abiertas a la primavera de nuevo, un año más. Pero, volvamos a pie de calle...¿Qué ocurriría si la mesa no está exactamente en el exterior?¿Y si sólo parte de ella se apoya en el espacio público? Este entre el interior y el exterior es lo que ocurre en el proyecto City Eyes de DUS Architects. Con esta fachada de por medio los menús para dos pueden acabar la rutina para siempre. Mesa aquí o allí, fuera o dentro, o las dos a la vez...Atravesando esta ventana, ¿Dónde está el límite del espacio público y privado? Esto parece el más difícil todavía. Es una pena que en mi ciudad la ventanas sean demasiado altas...
E.G.




Imágenes DUS Architects

para saber más: