sábado, 8 de diciembre de 2012

AMANTES DEL TERRITORIO


A veces observar el mundo no es suficiente. Ni la lupa, ni los prismáticos, ni los compases son siempre los instrumentos necesarios para captar lo que nos rodea. Los mundos surgen desde nuestra mirada y  los construimos cuando tratamos de representarlos, de narrarlos. La cartografía se ha convertido en mecanismo de poder, político y económico, con un imaginario muy definido, capaz de controlar el territorio. Sin embargo siguen existiendo fisuras en esas representaciones. Algunos artistas, amantes del territorio también, siguen trazando nuevas cartografías. Parece que el mundo no puede dejar de ser representado. Sin duda El mapa no es el territorio (gracias Houellebecq), pero entonces vuelve a surgir la eterna pregunta:¿Dónde estamos? La exposición Cartografías Contemporáneas. Dibujando el pensamiento recoge muchas de esas miradas y representaciones del mundo, como ya lo hicieran publicaciones como Contra el mapa o You are here. También nos podemos mover por mapas de lugares que sólo existen en nuestra imaginación. A veces son utopías para creer en ciudades dónde habitar todavía tiene algo que ver con vivir. Constant Nieuwenhuys creyó en un futuro nómada y sin fronteras. Su megalópolis New Babylon también reaparece en la última exposición comisariada por F.Jarauta (gracias por las litografías), El hilo de Ariadna, en la Casa del Lector. Ambas son ahora visitables en Madrid.
Quizás de todos los mapas por los que he paseado últimamente hoy me quede atrapada en el que ilustró el poema The Hunting of the Snark: an agony in eight fits de Lewis Carroll. Henry Holiday representó una carta de navegación simplemente vacía, completamente en blanco. Así nos podemos encontrar antes de emprender un viaje, con todo el territorio por descubrir, todo el camino por dibujar.
E.G.




Ocean Chart de Henry Holiday para
el poema The Hunting of the Snark: an agony in eight fits, 1876, de Lewis Carroll. 

viernes, 9 de noviembre de 2012

DESAPARECER DEL MAPA


Un niño parece querer derribar un muro con su pequeño martillo, no entiende muy bien qué diferencia ese muro de los otros, pero era  largo e infranqueable, de eso sí se dió cuenta. La caída de aquel muro que dividía la ciudad de Berlín en dos, se conmemora hoy. Algunos mantenemos esas imágenes en movimiento en la retina, la gente amontonándose sobre aquellas ruinas de muro y aquellos trocitos (probablemente falsos) del derribo comercializándose por todo el planeta: el final de una época. Algunos años antes Paul Virilio ya nos había hablado de la Estética de la desaparición, son esas ausencias y desapariciones en la ciudad las que muchas veces marcan un antes y un después en su propio devenir. Mucha gente mayor (y no tanto) todavía se guía en la ciudad por el recuerdo de las cosas que ya no están o que con el tiempo han cambiado: Aquí vivía fulanito, aquí trabajaba menganito y aquí mi padre tenía su sastrería (mi abuelo tiene muy buena memoria).Cuando vuelves a recorrer tu barrio de la infancia, tu colegio, los lugares que frecuentaste, a menudo ocurre algo curioso (a parte de que muchas cosas se han esfumado), parece que el escenario ha menguado, que todo ha empequeñecido. Entonces el mundo era más pequeño, y tú también.
Muchos años después, aquel niño ya es un hombre y el muro una traza del pasado. Unas marcas en el pavimento lo recuerdan, hay cosas que es mejor no olvidar. En el caminar la ciudad se recuerdan las desapariciones y se va construyendo de nuevo el lugar. División, unión y reestructuración, mucho ha dependido de aquel trazado. ¿Cuántas cosas desaparecen del mapa en nuestras ciudades, en nuestras vidas? Sin duda algunas son heridas, otras alivios, y muchas conservan alguna huella en la trama de la ciudad. Mientras murallas y muros van desapareciendo en algunas ciudades, en otras se siguen construyendo…. La artista Irina Werning acaba de ganar el premio de fotografía que convoca cada año Sony, con una ingeniosa serie que incluye, entre otras, las fotos de Christoph. Del sugerente trabajo Back to the future ha saltado Christoph, que desde el presente vuelve a ser, por unos instantes mientras lo miramos, aquel niño frente al muro de Berlín. 
E.G.


                                                                
Christoph 1990 & 2011 Berlin Wall, Irina Werning.

     
  Para conocer el trabajo de la artista:



domingo, 21 de octubre de 2012

CIUDAD SIN INSTRUCCIONES DE USO

Todos tenemos lugares que nos dan miedo. Calles, rincones, ciudades incluso, que evitamos, por dónde preferimos no pasar. Algunos de esos lugares son laberintos en la memoria, lugares del recuerdo, muchas veces de una niñez que ya queda muy atrás. Algunos recordamos casas habitadas, imaginábamos entonces, por brujas o seres desconocidos. Los recorridos evitaban esos lugares, preferíamos no sufrir ese miedo que precede al susto. Casas abandonadas, coches destartalados, calles oscuras, la ciudad inventaba mil excusas para hacer brotar nuestra imaginación. Recorriendo las piezas de la obra de Chuso Ordí Mapa de la vida ladrando nos transportamos a ese universo nocturno de miedo y adrenalina. Con sus fotografías estenopeicas retrata una ciudad fantasmagórica, lugares que parecen sacados de nuestra imaginación. A lo largo de un año el artista recorrió zonas periféricas de la ciudad de Barcelona captando aquello que conseguía atravesar la apertura de su improvisada cámara-lata. En su voluntad algo tiene de Robert Smithson cuando se aventura a captar otra perferia, bien alejada, en su Monuments of Passaic, a finales de los sesenta. Las fotografías de Ordi son más desconcertantes, distorsionan la mirada llevándonos de viaje a otro lugar.Rincones, árboles, perros, cruces y semáforos parecen sacados de un sueño, o de una pesadilla. Un paseo en blanco y negro en una ciudad sin instrucciones de uso.
E.G.



Imágenes obra de Chuso Ordi


Para conocer al artista:

Mapa de la vida ladrando se expone en Espai Tactel hasta el 03/11/2012:

martes, 25 de septiembre de 2012

TRIATLÓN URBANO

París, ciudad de la luz, capital de la Revolución, cuna de intelectuales y artistas, fuente de inspiración para arquitectos y urbanistas... Y, aunque poca gente lo sabe, París es dueña de una red de piscinas municipales maravillosa. Por un módico precio, es posible sacar un carnet que permite acceder a todas las piscinas municipales de la ciudad... ¡a las 38! De este modo, cualquier persona puede experimentar la curiosa sensación de nadar con vistas a la torre Eiffel en la piscina Emile Anthoine, o de disfrutar al descubierto en la orilla del mismísimo río Sena (piscina Joséphine Baker)... o realizar un tour por todas las piscinas y descubrir sus particularidades. Quién lo diría, pero nadar es otra manera de ver y vivir París.



Otras ciudades, en cambio, invitan a descubrirlas corriendo. Londres, por ejemplo, se caracteriza por sus inmensos parques y espacios verdes que han dado pie a la aparición de "jogging tours" o "running tours" como alternativa al clásico autobús rojo. Salvo por la lluvia casi constante, correr parece una muy buena manera de hacer turismo de manera sana, ecológica y barata. Estocolmo, Roma o Marsella también se anuncian como ciudades "joggeables" tanto para turistas como para sus habitantes, aunque habría que probarlo por uno mismo antes de juzgar si los humos de las grandes ciudades son la mejor compañía en este tipo de excursiones...

Lo que ya no resulta tan sorprendente es la presencia de bicicletas por las calles de muchas grandes ciudades. Ámsterdam es la primera imagen que nos viene a la cabeza (limitaciones del imaginario colectivo) con sus cientos de bicicletas aparcadas en montones, ciclistas camuflados entre coches por sus calles empedradas... Pero, recientemente, muchas otras ciudades se han subido al carro con el alquiler de bicicletas públicas: se llama Bicing en Barcelona, Velib en París, Bycyklen en Copenhague, Cyclocyty en Bruselas, Ecobici en la ciudad de México... Recorrer los espacios urbanos en bicicleta ha dejado de ser una novedad, si bien es cierto que todavía nos queda mucho (¡muchísimo!) para integrar completamente este medio de transporte en el funcionamiento de nuestras ciudades y nuestras economías.

Personalmente, debo decir que estoy bastante orgullosa de mi triatlón urbano particular. Tengo la enorme suerte de vivir en una ciudad plana, por lo que puedo moverme en bici diariamente. También cuenta con un espacio verde de varios kilómetros en pleno centro, perfecto para correr hasta no poder más. Y, además, puedo nadar tres veces a la semana por un precio bastante aceptable y sin desviarme de mis trayectos habituales.

Nadar la ciudad, correrla o recorrerla en bici: tres formas sanas, ecológicas y low-cost de conocerla y habitarla. Eso sí: no aptas para perezosos.

lunes, 10 de septiembre de 2012

AUTUMN BEFORE AUTUMN

La ciudades británicas tienen ese discreto encanto: siempre parecen sumergidas en un melancólico otoño. Aunque el verano se resista, el color de los adoquines, las piedras de las fachadas, algo en los cuadros escoceses, te hace sentir un otoño prematuro, el tiempo perfecto para perderse en la ciudad. Y si además te pierdes en dúo descubres de nuevo los crescents y los circus, las escaleras de peldaños imposibles (y enmoquetadas), los timbres minúsculos para apartamentos gigantescos. Casi todo es discreto, incluso los jardines privados, algo fantasmales, pero discretos. Poblados de bancos vacíos (el mobiliario urbano por excelencia inglés es el banco de madera para dos) son algo así como esculturas urbanas, intocables, hay que admitir que las ganas de asaltarlos, de saltar sobre la valla e invadir la propiedad privada, es un instinto natural al pasar cerca de un impecable jardín urbano. Cuando te pierdes en una ciudad británica, tropiezas con calles de garajes, descubres huecos por dónde espiar. Luego te vuelves a reír con Mr.Bean y sus viajes en la ciudad, sus lugares son tan esperpénticos como reales: bancos para comer el sandwich en diez minutos, intersticios imposibles cerca del mar,aparcamientos interminables, pero también aulas de examen congeladas en los años treinta y casas de cortinas floreadas.Cuando te pierdes en una ciudad británica deseas quedarte un poco más en pausa en ese fresco  mientras suena I want the world to stop.En este vídeo Baxter Dury persigue a Claire, la observa desde arriba, sube azoteas, también se pierden juntos en ese otoño inglés impregnado de gabardinas, tea shops y líneas pintadas en el asfalto. En él recordamos también a Antonioni y la ciudad plagada de fotografías de Blow up. Unos años sesenta a los que algunos querrían volver, sobre todo perdiéndose en una ciudad británica. Antonioni también lo sabía: los jardines ingleses tienen algo de inquietantes. Dejemos que el otoño inunde la ciudad mientras recordamos con nostalgia el verano.
E.G.



 Videoclip Claire de Baxter Dury


Superville en Edimburgo, verano 2012.
Fotografías: Luismi Romero Carrasco




viernes, 13 de julio de 2012

THE LINEAR MOURNING


¿Qué queda cuando el agua desaparece? Existen rastros de su curso, ¿Algún trauma del destierro?Para algunos, allá dónde una vez corrieron aguas siempre quedarán las huellas de su fuido. Hemos sido capaces con el transcurso del tiempo de separar el agua de su curso natural, de modificar su paso, transformar su apariencia. Y así moldeando el territorio creamos lugares que antes no existían, contenedores mutantes en tiempo y lugar. Existen ciudades inimaginables sin su río. ¿Qué sería París sin su Sena? Es el caso de Valencia, su imaginario no puede desligarse de su cauce, que aún sin agua, es el contenedor y contenido de cuantas apropiaciones puedas esperar. Y es que el lugar se hace con el uso. Algunos bajan al río a caminar en línea (ahora en verano allí la ciudad es más fresca), otros para reunirse en un banco o correr detrás del balón. Los deportistas se acumulan cuando cae el sol, otros se tumban a la sombra, bajo un árbol o un puente. Se escuchan músicas, se encuentran tesoros, revives recuerdos. Allí casi es inagotable la sorpresa, y la calma también. ¿Cómo se retrata un lugar tan particular? Sin duda el agua sigue presente con el flujo de gente que decide bajar al río y recorrerlo. Se trata quizás de una suerte de luto lineal en recuerdo del agua que una vez estuvo allí.
E.G.
                                       
                                                                         ¿Dónde estamos?
                                                                                  Aquí:

                                                                       the Linear Mourning





fotogramas de The Linear Mourning (Erwin Souveton + Ester Giménez Beltrán)


domingo, 27 de mayo de 2012

ARTE CALLEJERO CALLEJERO

Hace poco vi cómo pintaban las líneas de la carretera no muy lejos del lugar en el que vivo. Aunque disfruto de dichos sucesos, el evento no tuvo repercusiones más allá de un par de coches más de lo normal y la aparición de algunos vecinos curiosos. Sin embargo, recordé un par de fotos que había visto y guardado por ahí. En esta ocasión he decidido que en lugar de hablar de arte callejero en muros, no está mal mirar el arte callejero callejero.



y así, como algunos se aventuran a pintar en gigantescas fachadas, otros deciden que es posible lidiar con los coches...y qué divertido parece. La receta es fácil: bicicletas, cubos de pintura adaptados para ir en la bicicleta, galones de pintura multicolor y un cruce vehicular muy concurrido. Lamentablemente no vivo en un lugar con cruces de este tipo, pero espero poder llevarlo a cabo en un futuro. En todo caso, los invito a copiar la receta. 

Sin embargo, este tipo de intervenciones parecen ser tan apropiadas para grandes cruces de congestionadas ciudades como para pequeñas y tranquilas poblaciones, con resultados igualmente positivos. 




Parece que no muy lejos del pueblo en que vivo, una idea muy similar  fue llevada a cabo por la agencia de diseño Lang/Baumann en el 2010. En Vercorin, un pequeño pueblo al sur de Suiza, cada año se organiza un evento para dar a conocer el pueblo, en el que R&Art organization  invita a distintas personas creativas para intervenir.

Y mi última foto no es arte callejero sino una estrategia para prevenir accidentes en las calles de Bogotá. 


La ingeniosa campaña fue llevada a cabo en el 2003 por el entonces alcalde Antanas Mockus para reducir el número de peatones muertos. Así, se pintaron estrellas negras en los lugares exactos en que había fallecido un peatón víctima de un accidente. El impacto de dicha campaña fue mucho mayor del esperado y se ha llevado a cabo en muchas tras ciudades y carreteras del país. 

lunes, 21 de mayo de 2012

OTRA FORMA DE OCUPAR EL ESPACIO

Las mismas calles de siempre, los mismos árboles, los mismos cruces... Creemos que conocemos nuestra ciudad dado que, durante el tiempo que la habitamos, recorremos y repetimos mil veces los mismos trayectos: camino al trabajo, al supermercado, a casa de un amigo...
Pero, ¿qué pasa cuando, por unas horas, esos mismos espacios se reconvierten? ¿qué pasa cuándo los vivimos desde una perspectiva totalmente diferente? Ésta fue mi experiencia hace unos días: las calles de la ciudad, de mi ciudad, fueron alteradas completamente.


20.000 personas ocuparon el centro con sus zapatillas de correr, sus dorsales, algunas con carritos de bebé, con patines, con sus perros, o incluso, con sillas de ruedas. Un acontecimiento ciudadano sin distinciones, abierto a todo el mundo, una ocupación 100% popular, aunque efímera. ¿Quién me iba a decir a mi que formaría parte de esa masa corredora?

Posiblemente, fue una experiencia especialemente intensa para mí porque era la primera vez que asistía. En todo caso, la sensación de sorpresa continua ante esta perspectiva totalmente nueva de espacios tan familiares, se combinaba con un sentimiento visceral e irracional de que la ciudad me pertencía. Pero no en sentido de propiedad privada, sino como pertenencia comunitaria: la ciudad fue realmente nuestra... por unas horas.

O al menos ésa es la ilusión que crean las endorfinas características, imagino, de toda actividad deportiva.

viernes, 18 de mayo de 2012

MENÚ PARA DOS, CON FACHADA DE POR MEDIO

Tropezar con una mesa en la calle, eso no ocurre todos los días, a no ser que se trate de las que ahora pueblan las terrazas al sol. En mi calle sí ocurre, de vez en cuando se animan (todavía no sé quién) y disfrutan de una comida al aire libre, las sillas, los manteles, los brindis y los olores transforman el escenario a pie de calle. No se trata de una acción artística o reivindicativa, en mi calle el coche no puede circular, cerraron el paso tiempo atrás, y algunos tomaron las riendas del asunto. Refugiados de indiscreciones automovilísticas, algunos se animan incluso con taburetes y mesillas (el tamaño es variante) a tomar el café, mientras curiosa les observo desde arriba.Quizás con algo de envidia al pensar, ¡Un día me animo y me pongo a merendar allí abajo también!Aunque ahora que los balcones se poblaron de plantas y flores nuevas, las alturas tampoco están mal, sobre todo cuando te sorprendes descubriendo que otros muy cerca de tí recogen rayos de sol también, desde otros balcones, terrazas o ventanas abiertas a la primavera de nuevo, un año más. Pero, volvamos a pie de calle...¿Qué ocurriría si la mesa no está exactamente en el exterior?¿Y si sólo parte de ella se apoya en el espacio público? Este entre el interior y el exterior es lo que ocurre en el proyecto City Eyes de DUS Architects. Con esta fachada de por medio los menús para dos pueden acabar la rutina para siempre. Mesa aquí o allí, fuera o dentro, o las dos a la vez...Atravesando esta ventana, ¿Dónde está el límite del espacio público y privado? Esto parece el más difícil todavía. Es una pena que en mi ciudad la ventanas sean demasiado altas...
E.G.




Imágenes DUS Architects

para saber más:


jueves, 26 de abril de 2012

HABITAR LA MEMORIA





Todos hemos habitado lugares que permanecen clavados en algún lugar recóndito de nuestra memoria. 
Algunos se desvanecen rápidamente, a penas los recordamos.
Otros construyen nuestro territorio, son estratos de nuestras vivencias, las huellas de lo habitado.
La artista Sandra Ferrer Gallego nos abre las puertas de lugares habitados en su memoria, recreando y explorando de nuevo los estratos de su propia cartografía vital.
Sus delicadas piezas presentadas nos regalan un recorrido a través de ciudades y espacios íntimos que permanecen vivos con sus narraciones.
Sin duda es un viaje que merece la pena emprender.

Os esperamos el 11 de Mayo en la biblioteca Dadá del MUVIM, Valencia.








sábado, 7 de abril de 2012

SEGUIR LOS PASOS


Descubrir una ciudad a través del caminar es una experiencia que muchos hemos emprendido en diferentes ocasiones. A veces para mostrarla, a veces para perdernos, en línea o descubriendo escondrijos. Experimentar las rutas sin mapa, acompañado o solo, siempre es una buena forma de conocer una ciudad. Contar la ciudad siempre nos permite volver a descubrirla, nunca es la misma ciudad, todo depende de quien la mire y quien la escuche. A veces seguimos el rastro, pasos que antes caminamos queriendo reencontrar lo que tuvimos alguna vez, mirando una ventana, descubriendo un balcón o saludando a través de una vitrina. Otras veces evitamos caminos conocidos para no tropezar con la rutina y reinventamos rutas. ¿Cómo veremos nuestra ciudad dentro de unos años?¿Cómo pasearemos la ciudad entonces? Seguro que necesitaremos más bancos, seguro que nos sentaremos para descansar en los que nos ofrezca el camino. Incluso es probable que nos acomodemos en ellos para poder conversar. A cualquier edad, disfrutar de un buen banco, aunque sólo sea para ver el tiempo pasar, puede ser un buen momento del día. Corredores descansando, turistas tomando el sol, amantes besándose, otros leyendo el periódico, niños comiendo pipas, hombres y mujeres esperando algo o nada, todos lo hemos hecho alguna vez. A veces los bancos no están dónde quisiéramos, o simplemente no están. Otras veces son demasiado estrechos, y al no caber nadie más te resignas a no poder mantener una buena conversación, allí sentado en tu banco. Muchas veces son los grandes olvidados, y es que un banco determina un estar en la calle, una comunicación, el disfrute o no de un lugar. A veces los pensamientos sentados en la calle son un golpe de aire fresco, por eso muchos sacan las sillas sin pudor. Seguir los pasos de alguien te hace también descubrir las carencias en el espacio de la ciudad, algunas antes habían pasado desapercibidas. Eso ha sido lo que se han planteado Luke Pedersen, Jenny Pedersen, Kirsty Rielly, Jess Pedersen y Katherine Spindler, finalistas del concurso Your Street organizado por Design Indaba para Ciudad del Cabo. Siguiendo los pasos de una mujer de 89 años, el proyecto Violet’s walk propone un recorrido por su ruta diaria dónde se incluyen bancos plegables para la espera y el descanso en el camino. A veces un gesto es suficiente para reactivar un lugar, para reconocer a través del otro lo que se nos había olvidado.
E.G.




Imágenes del proyecto Violet's Walk


Si os interesa el proyecto:



lunes, 2 de abril de 2012

DEJAR HUELLA


Existe una necesidad, quizás casi universal, de dejar huella allí por dónde pasamos. Desde antiguas inscripciones (incluso en cuevas) hasta los mensajes en árboles mutilados por un corazón atravesado con una flecha. Muchos hemos sentido el impulso alguna vez de colaborar en algún mensaje colectivo de alguna puerta de aseo o dejar alguna palabra sobre una ventana con vaho, en el coche, de viaje. Al salir de la ducha con suerte podemos tropezar en el espejo con un mensaje semi-oculto junto a nuestra cara de ser humano recién levantado. En las mesas del colegio las firmas se acumulan, las señales, los dibujos,… ¿Y en la ciudad?¿Cómo dejamos huellas?¿Cuáles son las huellas de nuestro pasado en las calles, en los bares, en los edificios? Los lugares se cargan de significados que van cubriendo las capas de nuestra memoria. A veces el recuerdo es una huella suficiente. Observando edificios medio destruidos,  podemos observar con detalle como un tiempo ajeno se ha paralizado, mientras cuelga de la pared el papel pintado, huellas de habitantes del pasado. Cada mañana observo como, inmóviles, la cafetera, los vasos, las sillas siempre en la misma posición, compiten con el paso del tiempo, en una obra abandonada frente a mi balcón. Ellos también dejaron huella, justo cuando la obra se detuvo definitivamente después del almuerzo. Recuerdo aquel día caluroso y ahora petrificado en mi visión diaria, hace un año ya. Los artistas urbanos lo saben bien. Dejar huella para ellos en la ciudad es su forma de crear, también de decir: estuve aquí. Superville quiere de vez en cuando añadir un humilde, “por aquí pasé”. Los lugares tienen huellas, y nosotros las creamos y reinventamos constantemente.
E.G.


                                                              Superville en Reykjavik, verano 2011
                                                                   fotografías: Luismi Romero


lunes, 5 de marzo de 2012

EL INCREÍBLE CASO DEL MURO MUTANTE


Quizás paseando por la ciudad ya os habéis tropezado con algún muro olvidado, límite o principio de algo difuso. ¿Dónde acaba y empieza el espacio público? ¿Es en la piel del muro?¿Es en el límite de la propiedad? El centro de nuestra ciudad está cada vez más poblado de muros. Los hay altos e inquebrantables, los hay más bajos, olvidados por su altura (y son muretes), o más livianos (y son verjas), algunos contienen mensajes secretos y otros esconden rastros de una vida mejor. En algunos crecen pieles como huellas en el tiempo. Los más sofisticados han tenido la suerte de ser el objetivo de algún artista urbano. Llevamos semanas viendo muros por todas partes…Esta es la historia de una obsesión.

Todo empezó con un flechado a primera vista. Aquel muro destartalado que bordeaba la plaza tenía algo de inquietante. ¿Era su aspecto un ingrediente más para el aspecto desangelado de la plaza? Sin duda, sí. Nos preguntábamos si alguien más había reparado en ello… Encontrándonos frente al muro reconocemos un lugar dónde ocurren cosas todos los días y, ¡No son pocas! A pesar de ser un fragmento urbano casi olvidado, por su situación (junto al Mercado Central de Valencia y la Lonja de pescadores) y su genética (la plaza es heredera de una antigua traza inconclusa de la ciudad) el lugar sobrevive con su uso. Si paseas es posible que tropieces con pelotas de niños jugando, turistas despistados en pleno recorrido por el centro histórico, el ir y venir de las bicicletas de alquiler, las mesas del restaurante y sus comensales disfrutando del sol, algún habitante de la calle Cajeros a punto de subir a casa, las flores de los comercios bordeando los accesos o mercadillos efímeros en fiestas. Aunque también sirve la plaza por desgracia como aparcamiento provisional y las grietas del muro como escondite de trapicheos ocasionales. En este escenario, el muro, plantado e imberbe, permanece quieto, recordándonos la fina línea que separa a veces lo privado de lo público. En una declaración de humildad toca el suelo para proporcionar el único banco-piedra que sirve de apoyadero para las pausas de los cocineros o paseantes en la plaza. El increíble caso del muro mutante surge justo cuando estábamos a punto de intentar cuidarlo más, disfrazarlo, invitarle a conversar, hacer una fiesta en su honor. Nos complace pensar que en él ya estaban pensando otros que hace unos días tomaron las riendas del asunto. Y, nos guste o no el resultado, ahora el muro es el protagonista más colorido de la plaza y el reflejo de lo que algunos deseamos sobre el devenir del lugar. 

Os invitamos a que reconozcáis el lugar y compartáis  vuestras impresiones sobre él o colaboréis si os apetece contándonos la historia de algún muro vuestro. Relatos, fotos y cualquier proposición, pregunta, reflexión o inquietud será bien recibida…




Imágenes muro Plaza Taula de Canvis, antes de la última intervención, Valencia.

Nosotros no nos olvidamos de nuestro muro, allí sigue rodándonos la cabeza, ¡Y colgado de nuestra puerta!



viernes, 17 de febrero de 2012

VER PARA EXISTIR


Sólo lo que vivimos existe. Imagino que esta afirmación se aleja mucho de lo que podemos llegar a deducir de una manera más o menos razonable. Porque, si sólo existe lo que vivimos, lo que tocamos, lo que podemos ver, podría afirmar sin problemas que, por ejemplo, los canguros no existen, y por extensión que Australia tampoco. Y casi podríamos decir, como en aquel álbum: Tú no existes. Todavía no he tenido oportunidad de visitar ese territorio ni de observar en directo ningún marsupial saltarín. Si ahora tratamos de dibujar un mapa de nuestros lugares vividos, ¿Por dónde empezamos?¿Qué trazamos?¿Son mapas, son imágenes, son olores? Si sólo existe lo que experimentamos únicamente podríamos plantearnos representar aquellos lugares por dónde hemos pasado. Australia desaparecería del mapa, y como ella buena parte del globo. Es cierto, de alguna manera construimos nuestra propia cartografía apropiándonos de las experiencias que vivimos allá por dónde dejamos huella, o no. A veces incluso podemos recordar detalles aparentemente insignificantes de los lugares donde hemos compartido un ¡Buenos días!, visitado un amigo o simplemente paseando bajo el espléndido sol de invierno. Y así se va dibujando nuestro mapa, tan único como cada individuo, tan exclusivo que nunca uno podría ser  igual a otro. Algunos no ocuparían a penas espacio, otros, para los más viajeros, dibujarían larguísimas rutas alrededor del planeta. Incluso algunos podrían dibujar tierras lunares. Entonces nuestra ciudad quedaría reducida a los lugares que reconocemos en nuestra memoria. Además sería un mapa que se iría extendiendo en el tiempo, porque cada vez habríamos descubierto una esquina más, un árbol más, una habitación más, otro país. Esta cartografía subjetiva se parecería mucho a lo que planteó la artista Nina Katchadourian cuando se propuso representar la experiencia vital bicostal de su país, subrayando sus desplazamientos de un lado al otro de las dos costas en Estados Unidos. El centro del país desaparece, nunca vivió allí. Sin duda nos hace intentar reconstruir como sería nuestra propia cartografía, nuestros lugares en el mundo. Aunque debemos admitir que a veces podemos no estar justo aquí, y con nuestra imaginación viajar a lugares lejanos, y por ello no dejan de existir. Incluso si nos concentramos podemos volver a estar allí dónde estuvimos una vez. Algo así como viajar en el tiempo sin movernos de la silla.
E.G.



Imagen de la obra Coastal Merger de Nina Katchadourian

No os perdáis los trabajos con mapas de la artista:



miércoles, 15 de febrero de 2012

¿SUBVERSIÓN O CREATIVIDAD?

"C'est en faisant n'importe quoi, qu'on devient n'importe qui" (haciendo cualquier cosa, te puedes convertir en cualquiera) es el lema de Remi Gaillard. Este ex-vendedor de zapatillas francés saltó a la fama como impostor en eventos deportivos de todo tipo - ¡incluyendo la final de la Coupe de France!. Sin embargo, la temática de sus vídeos es de lo más variopinta: ascensores customizados, circuitos reales de Mario Kart, imitaciones del Papa, luchadores de sumo en medio de rotondas... Uno de mis preferidos es el titulado Gymnastics en el que Gaillard utiliza el mobiliario urbano para simular pruebas de atletismo. Para mucha gente, se trata de un humor subversivo e irrespetuoso - y en ocasiones no cabe duda de que lo es - pero no se puede negar el enorme esfuerzo creativo que requiere ver la ciudad con "ojos de atleta", reinterpretarla, y utilizar sus elementos de "forma alternativa".
Por otro lado, también sorprende lo mucho que se parecen ciertas instalaciones deportivas al mobiliario urbano... ¿o es al revés? ¿Tan poca imaginación tenemos las personas para que objetos con finalidades tan distintas se parezcan tanto? ¿O se trata de un guiño entre los diseñadores de unos y los arquitectos de los otros?


Subversivos o alternativos, los vídeos de Remi Gaillard reciben millones de visitas desde todos los rincones del mundo. Parece evidente que sus inofensivos desafíos a las normas y a la forma habitual de vivir la ciudad despiertan la simpatía y curiosidad de muchísimas personas. ¿Será porque salirse del camino preestablecido es un impulso tan natural en los seres humanos como el de construir dicho camino? Desde este punto de vista, los vídeos de Gaillard podrían llegar a considerarse experimentos sociológicos... O quizás se trata, simplemente de vídeos divertidos. Depende de cada uno.
R.O.

Remi Gaillard

lunes, 6 de febrero de 2012

MICROPOÉTICAS DEL ESPACIO

Si fuéramos diminutos la ciudad cobraría dimensiones inalcanzables. Tardaríamos una vida en recorrer nuestros rutinarios caminos, no alcanzaríamos a abrir la puerta de casa. La cerradura estaría fuera de nuestro dominio, tendríamos que escalar, ingeniárnoslas para elaborar estrategias a pequeña escala. Cualquier paso humano sería un peligro de muerte inminente por aplastamiento. Si fuéramos diminutos nos colaríamos en rendijas y agujeros, nos construiríamos un refugio a medida, un lugar dónde nuestro tamaño  y el de lo que nos rodea no entrase en conflicto. Seguimos tropezándonos en la ciudad con dispositivos que nos hacen viajar a otras escalas, otras dimensiones del espacio público. Esta vez no son balones gigantes, son parches pensados como micropoéticas  del espacio que podrían pasar desapercibidos un día de prisas, dónde el escenario que nos rodea se convierte en  invisible. Pero si abrimos bien los ojos, las esquinas, los bordes, los pequeños agujeros en lugares imposibles pueden poblarse de diminutos remiendos de colores. Es un gesto delicado, un pequeño punto de exclamación que, por sus dimensiones, al observarlo parece que revisitemos el lugar con  lupa, como si de repente nos pudiésemos encontrar con microscópicos constructores de ciudad. Las piezas que nos regalan desde este Dispatchwork se repiten en múltiples lugares, recorriendo países. Parece que ha tenido un efecto multiplicador. Quizás la fuerza reside también en la implicación y el juego que propone para el que esté dispuesto a participar y construir con pequeñas piezas su propio remiendo. Según Platform 21, uno de los diferentes colectivos que proponen estas acciones, se trata de reparar la ciudad, como ya lo explicaban en su Repair Manifesto. Es entonces algo así como cuidar esos pequeños detalles, devolverles la materialidad que el desgaste y el tiempo les robó.
E.G.








Imágenes Distpatchwork.info

Para los que queráis conocer estas acciones:






miércoles, 1 de febrero de 2012

INSTINTO DE PERSONALIZACIÓN

Personalizar” según la RAE, significa “dar carácter personal a algo”. Pues el otro día me encontré, por casualidad, en una casa que era la idea de personalización hecha realidad. Un espacio en el que, cada rincón, cada objeto, cada detalle, encapsula un trocito de la personalidad y de la historia vital de su dueño. En 50 metros cuadrados de perfecta combinación gris-negro-verde pistacho, pude encontrar desde una máquina de escribir Underwood heredada, pasando por un stylophone recién adquirido, hasta una pared con pintura imantada fruto de horas de capa sobre capa. Porque, en ese lugar, nada es casual y todo, absolutamente todo, tiene un significado: la réplica de la espada del Rey Arturo regalo de un familiar próximo, una mesa de Ikea forrada con un mapa del mundo antiguo, una colección de relojes regalados, un armario lleno de especias y tés traídos de distintos viajes, una manta tejida por su madre, una pared de pizarra donde cada visita puede dejar su huella, un buda-llavero cubierto de collares y pulseras de sus sobrinas autoproclamadas princesas... Este espacio intenso, salpicado – o mejor dicho: empapado - del “carácter personal” de su creador, envuelve al visitante y expresa una voluntad: la de personalizar hasta crear un lugar, sin duda, único en el mundo.

Indudablemente, se trataba de una casa poco común, resultado de meses de esfuerzo y “elaboración”. Sin embargo, resulta curioso encontrar expresiones de este impulso “personalizador” también a escalas mucho mayores. Me refiero a esa calle recientemente adoquinada, sembrada de árboles enjaulados y perfectamente alineados, al “estilo del alcalde”; o el gran monumento faraónico que refleja la interpretación tan personal y, al mismo tiempo, tan política, de lo que considera “moderno” un gobierno autonómico.



Al final, voluntariamente o involuntariamente, no podemos contener este instinto de nidificación que nos obliga a dejar huella, a expresarnos a través de los objetos, a esparcir trocitos de nosotros mismos en todo lo que nos rodea. Al fin y al cabo, somos lo que habitamos, ¿no?
R.O.

martes, 24 de enero de 2012

ENCAJES HINCHABLES

A veces, caminando cerca de un colegio o parque, escuchamos a lo lejos unas voces que reclaman nuestra ayuda. El balón de football, la pelota de tenis, la de ping-pong, suelen ser elementos que con frecuencia intentan escapar de sus límites preestablecidos. Con seguridad, uno recoge el balón y observa como sobrevuela la verja, muro o matorral que suele separarlo de sus dueños. Los gritos de alegría al recuperarlo culminan la hazaña, aunque, si es detrás de un muro, muchas veces no alcanzas a observar las caras sonrientes, después de la espera. Imagino que a todos nos ha ocurrido alguna vez, y no sé porqué tiene algo de satisfactorio lo de tropezar con una pelota ajena y lanzarla de nuevo a su propietario. ¿Qué ocurre cuando el balón con el que te tropiezas es ocho veces más grande que tú y obstruye tu calle? En el caso del Red Ball Project se trata de un gigante balón inflable rojo que puede aparecer tanto embutido en la callejuela junto a la panadería como flotando en el balcón del ayuntamiento. El protagonista es un intruso aterrizado en la ciudad que no puede pasar desapercibido y tiene algo de las esculturas de objetos fuera de escala de C. Oldenburg. El gigante rojo tiene todos los elementos para seducirnos por sorpresa al girar una esquina. Con su presencia desproporcionada en el espacio público de la ciudad nos pregunta: ¿Qué hago yo aquí? La sonrisa es inevitable. El artista Kurt Perschke ha paseado su enorme globo rojo por medio mundo marcando rincones insospechados, trepando puentes e invadiendo monumentos acompañado de su descomunal compañero. Nos recuerda a aquella película de Albert Lamorisse dónde un globo rojo (de tamaño normal) se convertía en el mejor amigo de un niño que paseaba la gris París a mediados de los cincuenta, y coloreaba las paradas de autobús, las farolas y las ventanas con su presencia. De momento el Red Ball Project ha invadido ciudades como Abu Dhabi, Toronto, Chicago o Taipei. ¿Quién sabe? Quizás la próxima parada la haga en tu ciudad.
E.G.





fotografías: redballproject.com

Si queréis conocer el proyecto:



martes, 17 de enero de 2012

BLANDURAS BAJO LOS PIES

Todos hemos experimentado alguna vez el placer de caminar sobre superficies insospechadas. Algunos incluso modificamos recorridos para poder caminar sobre las alfombrillas situadas en los accesos de algunos establecimientos o nos colamos en los parques infantiles para volver a sentir la blandura bajo los pies. Quizás nuestros pies sean esos grandes olvidados en el espacio urbano, y eso que el paseante lo sabe bien, ellos son los eternos protagonistas de nuestras andaduras. Unos zapatos recién estrenados o alguna piedra del camino pueden marcar la diferencia entre un placentero paseo o una alargada tortura. En nuestras casas sin embargo parece que sí que dedicamos algún que otro ritual a nuestras plantas de los pies. Y es que nuestros hogareños suelos nos dan la clave. Entramos a través del felpudo (cepillo y sonido), nos acomodamos para leer sobre la alfombra (suave y caliente), salimos de la ducha y caemos sobre la esterilla (lo primero que hay que secar son los pies). Todo este placer se multiplica si pensamos en caminar sobre la arena (húmeda o caliente), sobre la hierba (mojada o seca) o recordamos deslizarnos, intentando patinar, un día de lluvia sobre algún que otro pavimento de nuestra ciudad (con el riesgo de rompernos varios huesos a la vez). Todo apunta a la blandura como placer para nuestros pies. ¿Nunca habéis soñado con una ciudad enmoquetada? ¿Con caminos de alfombrillas?¿Con pavimentos movedizos? Para los que compartáis este placer, el estudio de arquitectura francés Raum ha ideado la Ville Molle (la ciudad blanda), un pavimento  blando de adoquines capaces de responder al movimiento generado sobre su superficie. Esta blandura urbana nos recuerda que todavía es posible acercar el espacio público a nuestros sentidos. Como ya vimos con las fachadas musicales de stadt:klang a veces la ciudad se puede convertir en el escenario de lo imprevisto y la sorpresa para nuestros oídos, nuestras manos, ¡Y nuestros pies!
E.G.


                             

foto: raum.fr

Para saber más de la Ville molle de Raum:



jueves, 5 de enero de 2012

ECOS URBANOS

Si pensamos que la distancia más corta entre dos puntos es una línea recta no siempre estaremos en lo cierto. Demasiado tarde. Aunque, acostumbrados a un aplastante sistema espacial euclidiano, no podríamos imaginar otra forma de recorrer ese trayecto con facilidad. Sin embargo, parece que sumergidos en el espacio digital las distancias se desmaterializan, y lo tangible se convierte en un recuerdo. El espacio virtual configura otros lugares dónde, no sólo los espacios se multiplican, si no que las identidades se reinventan. ¿Entonces, cuál es la distancia entre dos puntos? Fuera de los parámetros concretos a los que estábamos habituados, los espacios se extienden lejos de nuestro sistema de percepción cotidiano. El equipo creativo de LUST lab utiliza los medios digitales para plantearnos cómo se pueden reubicar esos puntos en el espacio urbano cuando navegamos virtualmente. El resultado: ciudades dentro de ciudades. Usando soportes de paneles publicitarios,  mobiliario urbano demasiado habitual, webcams y espejos, en su proyecto Urban Echo nos tropezamos con lugares lejanos, dentro de nuestro espacio público.  Las posibilidades se multiplican y crecen lugares en el escenario tangible que nos rodea. Las webcams nos permiten ver en la lejanía y los espejos reflejan nuestro presente. Ahora podemos estar en otro lugar sin tocarlo. Los ecos de esas ciudades podrían ser recuerdos visibles, espacios en pantalla dónde, nosotros  reflejados, ya no estamos dónde estábamos.
E.G.





Imágenes: lustlab.net

Si os pueden interesar los proyectos de LUSTlab aquí tenéis las coordenadas: